adriana secreta...'s profilela secretaria del marqué...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    En el mar de vapor cálido...

     
     
    Paraguas  ... en el que estamos sumergidos desde hace unos diez días, relucen los higos.
    Verdes o negros; me gustan ésos, cuando los abro y se ofrecen rojos y desfachatados. ¿Qué tal un buen dulce?.
    Hace dos días traje unos mangos preciosos, rojizos y anaranjados, enormes: ya son dulce también. Luce colorido y orgulloso en un frasco grande, un clavo de olor se ve a través del vidrio. Vamos chicas... piensen en la alegría del invierno, el desayuno con tostadas calientes, ese rico color y sabor por las mañanas. En almíbar me gustan menos, mis preferidos son en dulce, grandes trozos, con "no tanta" azúcar. ¡Van geniales con nueces tostadas y buenos quesos!, lindo postre para un almuerzo tardío y fiacoso, se me ocurre... mirando los valles, pero eso ya es mucho pedir. 
    Sometimes traiciono a los bellos higos tucumanos... me tiento con los de Esmirna, secos, tiernos y ¡paquetísimos!.
     

    El sushi del "29"...




     ... porque volvemos ese día,sí,el de los ñoquis. Aunque con Sushi.
    Como todos los martes, estaremos en SETIMIO desde las 21hs. Una barra que esperamos renovar conservando lo que les gustó y una propuesta que deseamos nos reúna...
                    ¡todo el 2008!
     
    Fans del SUSHI,tucumanos,Humanidad toda...¡los esperamos!.

     

    Llovió, se puso fresco y gris...

     
     
        y entonces pensé en una polenta con salsa, así, bien anaranjadota y colorada. ¿Se fijaron en el precio de los tomates?. Hay unos preciosos y pequeños tomates en rama, pero en general, los de cualquier variedad están a $1.50 el kilo. ¡Chicos y chicas argentinos!...¡preparen y envasen tomates en sus mil y una formas!. Son un regalo del color y el sabor del verano que nos alegrará profundamente en el invierno, sobre todo si vuelve a estar a $18 el kilo. Tomates en rama, lindas cebollas blancas y dos calahorras exquisitos, ahí dejé la salsa solita. Casi antes de sacarla le agrego láminas muy finitas de ajo y bue, si ya la ocasión es especial y lo quieren más suntuoso, sellen unas buenas presas de pollo y a la olla de la salsa: la casa se llena de este rico aroma mientras cocinamos la polenta, por favor, impreco a los dioses: ¡no "mágica"!.
    Quizás el reggianito o sardo rallado gruesote sea un exceso no muy gourmet... pero ¿quién se resistiría?. Si la presentamos en una sopera antigua bien humeante, qué se yo, ¡delicia infantil para días frescos y nublados!.
    Mientras la polenta está todavía tibia, es genial poner los restos en un tupper más bien chatito o en una asadera o fuente esmaltada o de vidrio, moldeandolo no muy alto. Cuando se enfría, se pueden cortar unas lindas formas y grillar untadas con aceite de oliva, hasta salsa de soja si les gusta. Vuelta y vuelta son un rico snack, lindo para acompañar una sopa nocturna. La vida es breve e incierta y no está mal recordarlo.
     

    Otra de Juana Manuela y su "Cocina Ecléctica"...

     
     
    Camarones a la panameña
     
       Qué fruición deliciosa para el paladar en aquellos grandes calores del Istmo, este sabroso plato, a la vez, tan nutritivo y refrescante.  Preparábalo yo, cada día, para mis hermanos, a quienes los desastres de la patria llevaron, -y a mí con ellos-, en busca de trabajo, a la obra titánica que se hacía en Panamá.
       Acampados como los otros trabajadores, a la vera de los bosques, teníamos, como ellos, un rancho, pobre choza, que yo alegraba con los refinamientos de la más esmerada limpieza.  Una tabla sobre cuatro estacas elevadas en tierra, eran nuestros catres. Una tabla y cuatro estacas colocadas en el centro del rancho, constituían también, nuestra mesa.
       Yo la engalanaba con un mantel blanquísimo, lavado cada mañana, -porque no tenía remuda-, y sembraba sobre él las más hermosas flores tropicales.  Cuando eso hacía, ya había pescado en un recodo del río tres docenas de camarones con una redecilla que, en la noche servía de persiana a la puerta.
       Encendía mi fogón, y cocía los camarones en agua sazonada con sal y un ramito de hierbas olorosas.  Cocidos los camarones, los pelaba; tomaba las colas y las ponía en una fuente condimentándola con sal, pimienta, cebolla blanca y tomate muy bien picados, pan rallado, y aceite y vinagre, revuelto y mezclado todo, y cuidadosamente cubierto, hasta el momento de servirlo.
       Y de pie y empinada sobre el umbral de la puerta, espiaba el regreso de los trabajadores que volvían en grupos, desapareciendo uno a uno en sus tugurios.  Desde que divisaba a mis hermanos, corría a la mesa; llenaba sus vasos de vino, y destapaba la fuente de camarones, que esparcía en el aire su incitante perfume.  Y los pobres trabajadores, llenos sus platos, comían con la delicia del que satisface a la vez, hambre y sed.
       Ha pasado el tiempo; nosotros hemos tornado al seno de la patria, a nuestro hogar el bienestar.  Todo ha cambiado en nuestra suerte; pero el plato de los días de inmigración, ocupa siempre su lugar en nuestra mesa, como un dulcísimo recuerdo.
     María Jiménez
    -Lima-

    Son fallas en la sinapsis...

     
     
    ... y Enero tiene la culpa. Con su sol cegador, los días lentos y largos, el calor agobiante.
    Pero estoy ahí ahí de hacer contacto con las únicas dos neuronas que no se me derritieron. Mientras,  Acalorado  hago licuados al agua: ¿probaron con melón?. Un regalo del verano los exquisitos melones santiagueños, están rebaratos. Con ananá, bien frozen, también se deja tomar. Abundan perfumados duraznos de todo pelaje y color, mis favoritos son los pelones, planeo una mermelada "idem" para estos días. Corro a ponerle alguicida a la Pelopincho, seguro llovió a propósito porque la limpié, cache' en die'...

    A no desesperar...




    ¿Y qué tal el comienzo del 2008..?
    Ojalá "todo bien".
    Tal como "informamos oportunamente", seguimos todo Enero con el delivery, desde RIVADAVIA 596 (431-4853).
    En cuanto a SETIMIO -si no fueron ayer, ¡se lo perdieron!- VOLVEMOS EL 29 DE ENERO... y sí, a los ya tradicionales
               MARTES  DE  SUSHI
    Con el deseo de seguir compartiendo el año con ustedes y, por supuesto, sumar nuevos amigos, nos despedimos hasta dentro de... apenas quince días.
     
    P.S: No es fácil desprenderse de nosotros...
     

    madre patria... ¡justo el 29! y la fantasmal City.

     
     
    Amo Buenos Aires en Enero.
     Si los días no están demasiado calurosos, caminar por la ciudad con pocos autos y menos gente, gente que a su vez está más relajada... es hermosa. Mi "lujo" es organizar paseos de medio día, por ejemplo.
    A un lugar que quiero ver tranquila, por lo que fuere: algo de las calles, o edificios  -o algo de la gente... un parque, una plaza y sobre todo, lugares cercanos al río. Siempre en colectivos que elijo por su recorrido; son rebaratos y bastante buenos en la ciudad, y van mucho, mucho más vacíos. El 29 tiene un recorrido genial: La Boca-Puerto de Olivos.
    ¿Te gusta ese pequeño puerto?. En invierno y todo, con el viento del río que te mata, igual me gusta.
    Pero en una tardecita no muy caliente de verano es lindo salir de la Boca, recorrerla en bondi y partir al fresco del río, ancho ya, siempre imponente. ¡Genial llevarse el termo y un matecito!. Y algo rico para acompañar... porque (¡ay! el diablo siempre mete la cola) los precios y el servicio de los kioscos y barcitos de la zona son abusivos -los primeros- y pésimo -el segundo-.
    Pero el paseo... bien vale una misa.
     Recomendación: vuelta en el mismo 29, que sale del puerto y ya cayendo la nochecita vuela por Libertador; a esa altura hay nobles y lindos edificios (hace unos años descubrí un hotelito precioso en una hermosa casona reciclada, súper elegante, me encantó la idea de pasar dos o tres días allí, ¡fuera del mundo! a pesar de la cercanía, debía ser por ¿Vicente López, Olivos?) que pueden verse muy bien desde un tranquilo asiento de colectivo, esos de ventanillas bien grandotas. Me gusta quedarme hasta que se están yendo las últimas luces del día y la avenida se va encendiendo mientras vuelvo a la opresiva Buenos Aires.
    La City... eso es un plato especial en los eneros porteños...
    Hay que buscar un día de tardecita -las seis, seis treinta están muy bien- no muy hot y si sopla el aire del río que en el bajo arremolina y te vuela las mechas, mejor aún-. Bueno, el Bajo es mi debilidad: fue mi barrio entre los siete y... mi salida de Buenos Aires. Antes era mucho más rantifuso y berreta, lleno de conventillos históricos en casas viejas increíbles -conozco algunas, de altos especialmente- bares y "dancings" para marineros y viejos almacenes y panaderías árabes, con esa mezcla loca de ejecutivos y oficinistas por la mañana y la primera tarde y un cierto vacío después. Vive más gente de lo que parece en ese barrio, mezcla rara de chetaje y pueblo, en parte sigue así. ¡Los viejos bares de Leandro Alem y el restaurante Dora, cruzando la Plaza San Martín!. Barrio honrado por Antonio Dal Masetto, gran escritor, el que vino de Italia primero y de su pueblo provinciano después, a la grande Babylon... tan bien contás mi antiguo barrio...